“La liturgia del fuego en el campo bravo: Toros de Guerrero”
Ganadería “Toros de Guerrero” Fuentes de Ebro
(Zaragoza).
El campo aún
despertaba cuando la finca Los Charcos abrió sus puertas. A las nueve y
media de la mañana, el frío de enero se mezclaba con el aroma del desayuno y
con esa expectación silenciosa que solo acompaña a los días importantes del
calendario ganadero. No era una mañana cualquiera: la ganadería Toros de
Guerrero celebraba su Bautismo de Fuego.
D. Miguel Ángel
Salillas Cardona, mayoral de la ganadería y el ganadero José Daniel Guerrero.
En torno a José
Daniel Guerrero, la afición se percibía en cada gesto y en cada detalle.
Nada queda al azar en esta casa donde el bravo se cría con paciencia, respeto y
una idea muy definida de lo que se busca. Antes de que el hierro entrara en
juego, llegaron las faenas camperas, el apartado y la selección: ese trabajo
callado y esencial que marca el futuro de una ganadería.
“El
mayoral Miguel Ángel Salillas instruye a los más pequeños en los valores del
campo bravo.”
David “El Kartones”
Encargado de mantener los hierros candentes.
Jorge Gabas
y Pepe Larrayad.
Mari Guerrero.
El Bautismo
de Fuego es el primer gran rito del toro bravo. El instante en el que el becerro
deja atrás el anonimato para adquirir una identidad que lo acompañará de por
vida. Nombre, número y hierro. Tradición, compromiso y responsabilidad grabados
a fuego.
La familia de José Daniel Guerrero, Santiago, Mateo, Anaïs y
Martina.
Una
ganadería joven, sí, pero con recorrido y con raíces firmes. Desde su fundación
en 2017, José Daniel Guerrero ha ido construyendo un proyecto sólido, apoyado
en procedencias contrastadas y en una selección constante. Los resultados
comienzan a verse en los ruedos, con presencia en plazas como Zaragoza, Huesca,
Ejea, Tarazona o Cariñena, y con una novillada destacada en la Feria del
Pilar de 2023.
Elena Soro y
Santiago Guerrero.
A fuego candente se funde un abrazo entre
generaciones.
Cuando
el hierro se apagó y la faena quedó cumplida, llegó el tiempo del encuentro, de
la charla serena y del agradecimiento sincero. Porque el campo bravo también es
eso: esfuerzo compartido, convivencia, tradición y hospitalidad. Y tras el Bautismo de Fuego, los más pequeños, el
grupo de roscaderos “Los Ángeles” pudieron vivir uno de esos momentos que se
guardan para siempre, haciendo lo que más aman: tentar una becerra en las
propias instalaciones de la ganadería, sintiendo de cerca la emoción, el
respeto y la ilusión que mantienen viva esta forma de entender el campo y el
toro bravo.
“Javier Mayoral nos deleitó con una estupenda paella.”
Finalizada
la faena campera y como manda la tradición, todos los asistentes se reunieron
en los salones de la ganadería. En Toros de Guerrero, el esfuerzo compartido se
agradece alrededor de la mesa, siendo la paella, elaborada por el cocinero Javier
Mayoral, uno de los platos estrella de la jornada.
Nuestro
agradecimiento a José Daniel Guerrero por abrirnos las puertas de su
casa y permitirnos compartir una jornada tan significativa. Con esa manera de
entender el campo, trabajando sin prisas pero con paso firme, y con una afición
sincera como motor, Toros de Guerrero camina con ilusión hacia el
futuro.
El fuego, una vez más, dejó su huella. Y el camino, sin duda, merece la pena.
La liturgia del fuego en el campo bravo
El campo aún
despertaba cuando la finca Los Charcos abrió sus puertas. A las nueve y
media de la mañana, el frío de enero se mezclaba con el aroma del desayuno y
con esa expectación silenciosa que solo acompaña a los días importantes del
calendario ganadero. No era una mañana cualquiera: la ganadería Toros de
Guerrero celebraba su Bautismo de Fuego.
En torno a José
Daniel Guerrero, la afición se percibía en cada gesto y en cada detalle.
Nada queda al azar en esta casa donde el bravo se cría con paciencia, respeto y
una idea muy definida de lo que se busca. Antes de que el hierro entrara en
juego, llegaron las faenas camperas, el apartado y la selección: ese trabajo
callado y esencial que marca el futuro de una ganadería.
El Bautismo
de Fuego es el primer gran rito del toro bravo. El instante en el que el becerro
deja atrás el anonimato para adquirir una identidad que lo acompañará de por
vida. Nombre, número y hierro. Tradición, compromiso y responsabilidad grabados
a fuego.
Uno
a uno, 26 reses —15 machos y 11 hembras—
fueron pasando por el cajón, bajo la atenta mirada del veterinario de la AGL.
Más de tres horas de trabajo duro, de precisión y de respeto por el animal.
Reses nacidas entre julio de 2024 y junio de 2025 que, desde ese momento, ya
forman parte de la historia viva de Toros
de Guerrero.
Una
ganadería joven, sí, pero con recorrido y con raíces firmes. Desde su fundación
en 2017, José Daniel Guerrero ha ido construyendo un proyecto sólido, apoyado
en procedencias contrastadas y en una selección constante. Los resultados
comienzan a verse en los ruedos, con presencia en plazas como Zaragoza, Huesca,
Ejea, Tarazona o Cariñena, y con una novillada destacada en la Feria del
Pilar de 2023.
Cuando
el hierro se apagó y la faena quedó cumplida, llegó el tiempo del encuentro, de
la charla serena y del agradecimiento sincero. Porque el campo bravo también es
eso: esfuerzo compartido, convivencia, tradición y hospitalidad. Y tras el Bautismo de Fuego, los más pequeños, el
grupo de roscaderos “Los Ángeles” pudieron vivir uno de esos momentos que se
guardan para siempre, haciendo lo que más aman: tentar una becerra en las
propias instalaciones de la ganadería, sintiendo de cerca la emoción, el
respeto y la ilusión que mantienen viva esta forma de entender el campo y el
toro bravo.
Finalizada
la faena campera y como manda la tradición, todos los asistentes se reunieron
en los salones de la ganadería. En Toros de Guerrero, el esfuerzo compartido se
agradece alrededor de la mesa, siendo la paella, elaborada por el cocinero Javier
Mayoral, uno de los platos estrella de la jornada.
Nuestro
agradecimiento a José Daniel Guerrero por abrirnos las puertas de su
casa y permitirnos compartir una jornada tan significativa. Con esa manera de
entender el campo, trabajando sin prisas pero con paso firme, y con una afición
sincera como motor, Toros de Guerrero camina con ilusión hacia el
futuro.
El fuego, una vez más, dejó su huella. Y el camino, sin duda, merece la pena.







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