Ángel Alarcón, verdad y entrega bajo
el diluvio
Ganadería “Rafael Alarcón” Pastriz (Zaragoza).
Ni la lluvia persistente, ni el frío, ni el barro fueron excusa. El novillero aragonés Ángel Alarcón aprovechó una de esas oportunidades que forjan toreros, tentando un novillo en las condiciones más adversas, de las que curten y enseñan la auténtica verdad del campo bravo.
El tentadero tuvo lugar en la ganadería de D. Rafael Alarcón, vacada asentada en la localidad zaragozana de Pastriz, donde el cielo descargó sin tregua sobre la plaza de tientas de la finca “La Isla”. Un escenario hostil que puso a prueba tanto al hombre como al animal.
Ángel se enfrentó a un añojo complicado, con genio y sin regalar embestidas, que no puso las cosas fáciles. Sin embargo, el novillero mostró una actitud firme y decidida, sabiendo aguantar, medir y apostar, incluso cuando el piso embarrado multiplicaba el riesgo en cada muletazo.
Más allá de lo técnico, destacó la actitud del joven torero, su disposición a no dejar pasar la ocasión y a medirse con la dificultad. Porque tentar bajo un diluvio, en una tarde fría y desapacible, es una declaración de intenciones.
La aptitud demostrada por Ángel Alarcón confirma que quiere ser torero, que entiende que el camino se construye también en días grises, cuando el sacrificio pesa más que el lucimiento. Jornadas como esta no hacen ruido, pero sí hacen toreros.
Nuestro agradecimiento a los ganaderos y a todos los allí presentes.
Finca “La Isla”
Ángel Alarcón, verdad y entrega bajo el diluvio
Ni la lluvia persistente, ni el frío, ni el barro fueron excusa. El novillero aragonés Ángel Alarcón aprovechó una de esas oportunidades que forjan toreros, tentando un novillo en las condiciones más adversas, de las que curten y enseñan la auténtica verdad del campo bravo.
El tentadero tuvo lugar en la ganadería de D. Rafael Alarcón, vacada asentada en la localidad zaragozana de Pastriz, donde el cielo descargó sin tregua sobre la plaza de tientas de la finca “La Isla”. Un escenario hostil que puso a prueba tanto al hombre como al animal.
Ángel se enfrentó a un añojo complicado, con genio y sin regalar embestidas, que no puso las cosas fáciles. Sin embargo, el novillero mostró una actitud firme y decidida, sabiendo aguantar, medir y apostar, incluso cuando el piso embarrado multiplicaba el riesgo en cada muletazo.
Más allá de lo técnico, destacó la actitud del joven torero, su disposición a no dejar pasar la ocasión y a medirse con la dificultad. Porque tentar bajo un diluvio, en una tarde fría y desapacible, es una declaración de intenciones.
La aptitud demostrada por Ángel Alarcón confirma que quiere ser torero, que entiende que el camino se construye también en días grises, cuando el sacrificio pesa más que el lucimiento. Jornadas como esta no hacen ruido, pero sí hacen toreros.








