Ganadería El
Montecillo: tradición y evolución de una sangre brava
La ganadería El Montecillo hunde sus
raíces en el año 1885, cuando Luis da Gamma adquirió vacas y
sementales de la histórica ganadería de Joaquín Murube, una de
las bases de la cabaña brava moderna. Durante las décadas siguientes continuó
incorporando sementales del mismo origen, consolidando un hierro con fuerte
presencia de la sangre Murube.
En 1911 la ganadería pasó a manos de Antonio
Pérez-Tabernero, quien introdujo sementales de Parladé,
reforzando la línea genética y ampliando el ganado con nuevas incorporaciones
en los años posteriores. Tras su fallecimiento, su hija Amelia
Pérez-Tabernero Montalvo heredó la vacada, reorganizando el hierro y
manteniendo la base genética procedente de la ganadería familiar.
Ya en el siglo XX, en 1985, la ganadería fue adquirida por Domingo Hernández, quien años después vendió el hierro a Francisco Medina. Este lo transformó en la ganadería de El Ventorrillo, formándola con vacas y sementales procedentes de Juan Pedro Domecq, una de las líneas más influyentes del toro bravo actual.
En 2005
Fidel San Román adquirió parte de esa base ganadera y fundó
El Montecillo, incorporando además reses de
El Ventorrillo,
Montealto,
Conde de Mayalde y otros hierros ligados al encaste Domecq. De este modo se configuró una ganadería de procedencia claramente
Vistahermosa-Parladé, con predominio de la línea de
Juan Pedro Domecq.
Uno de los sementales de la ganadería
Los toros de El Montecillo suelen presentar una alzada media, lomo recto y cuello largo, con hechuras finas y pitones bien armados. En cuanto a pelajes, la ganadería muestra gran variedad: predominan los negros, castaños y colorados, aunque también aparecen capas más singulares como burracos, sardos o jaboneros.
La divisa debutó con éxito en la Feria de San Isidro de 2011, en la plaza de Las Ventas, consolidándose durante varios años en este exigente escenario. Tras el fallecimiento de Francisco “Paco” Medina en 2019, la ganadería continuó su camino hasta que en 2023 fue adquirida por la empresa Cebaderos de Rozalén S.L.U., actual propietaria.
Uno de los sementales de la ganadería
Hoy, desde la finca “El Montecillo” en Orgaz (Toledo), este
hierro mantiene viva una línea genética marcada por la movilidad, la
transmisión y la pureza del encaste Domecq, características que siguen dando personalidad
a sus toros en el campo y en la plaza.
Agradecemos a Víctor Guijarro por abrirnos las
puertas de su casa y permitirnos disfrutar del campo y de la ganadería El
Montecillo.
Toro reseñado para la temporada.
Ganadería El
Montecillo: tradición y evolución de una sangre brava
La ganadería El Montecillo hunde sus
raíces en el año 1885, cuando Luis da Gamma adquirió vacas y
sementales de la histórica ganadería de Joaquín Murube, una de
las bases de la cabaña brava moderna. Durante las décadas siguientes continuó
incorporando sementales del mismo origen, consolidando un hierro con fuerte
presencia de la sangre Murube.
En 1911 la ganadería pasó a manos de Antonio
Pérez-Tabernero, quien introdujo sementales de Parladé,
reforzando la línea genética y ampliando el ganado con nuevas incorporaciones
en los años posteriores. Tras su fallecimiento, su hija Amelia
Pérez-Tabernero Montalvo heredó la vacada, reorganizando el hierro y
manteniendo la base genética procedente de la ganadería familiar.
Ya en el siglo XX, en 1985, la ganadería fue adquirida
por Domingo Hernández, quien años después vendió el hierro a Francisco
Medina. Este lo transformó en la ganadería de El Ventorrillo,
formándola con vacas y sementales procedentes de Juan Pedro Domecq,
una de las líneas más influyentes del toro bravo actual.
En 2005 Fidel San Román adquirió parte
de esa base ganadera y fundó El Montecillo, incorporando
además reses de El Ventorrillo, Montealto, Conde
de Mayalde y otros hierros ligados al encaste Domecq. De este modo se
configuró una ganadería de procedencia claramente Vistahermosa-Parladé,
con predominio de la línea de Juan Pedro Domecq.
Los toros de El Montecillo suelen presentar una alzada
media, lomo recto y cuello largo, con hechuras finas y pitones bien armados. En
cuanto a pelajes, la ganadería muestra gran variedad: predominan los negros,
castaños y colorados, aunque también aparecen capas más singulares como
burracos, sardos o jaboneros.
La divisa debutó con éxito en la Feria de San
Isidro de 2011, en la plaza de Las Ventas, consolidándose durante
varios años en este exigente escenario. Tras el fallecimiento de Francisco
“Paco” Medina en 2019, la ganadería continuó su camino hasta que en
2023 fue adquirida por la empresa Cebaderos de Rozalén S.L.U.,
actual propietaria.
Hoy, desde la finca “El Montecillo” en Orgaz (Toledo), este
hierro mantiene viva una línea genética marcada por la movilidad, la
transmisión y la pureza del encaste Domecq, características que siguen dando personalidad
a sus toros en el campo y en la plaza.
Agradecemos a Víctor Guijarro por abrirnos las
puertas de su casa y permitirnos disfrutar del campo y de la ganadería El
Montecillo.